Es Domingo. Es domingo en el aire. Es Domingo en la tarde, y lo demuestran los cansados pasos de la gente. Es como si el tiempo cayera sobre las espaldas, y todo el mundo caminara más despacio por ese peso. Es domingo en el aire. Quizás por eso nosotros escapamos hacia el agua.
En el agua todo es nuestro. El tiempo, las caricias, nuestros labios. Todo es nuestro. Son nuestros los ojos que nos miran, los cuerpos que miramos.
En el agua hay un espacio sin luz, un cuarto oscuro. Donde no podemos ver, dejamos que miren nuestras manos, nuestros labios, nuestras bocas. Tumbo tu cuerpo sobre un espacio negro y oscuro, y busco tu sexo con mis labios para poder llenarlo de colores. Tu sabor inunda mis sentidos, y existe la luz porque te beso. Hay preguntas imposibles con la respuesta escondida tras los pliegues de tu sexo. Las busca mi boca, las encuentra mi alma y las entiende mi sexo, que a la vez quiere plantearte su deseo. Te llega, y como siempre, tus sueños se derraman en el agua en el que se ha convertido el espacio que ocupamos.
Nos movemos en el agua, nadando por unas escaleras hacia abajo. Mientras te cambias admiro tus perfiles, como siempre, y lamento una vez más que mi memoria no podrá recordar tanto deseo.
Y al agua volvemos. Alguien intenta entrar en nuestros sueños, sin saber que miradas dejamos entrar en nuestro encierro. Así que tenemos que salir, pero da igual. Llevamos el agua en nuestros cuerpos. Y nos amamos de nuevo. Y de nuevo mis dedos recorren tu sexo y despiertan tu deseo. Por mucho que te pruebo, nunca sabes igual, igual que el viento. Te poseo desde atrás para comprobar que eres tú quién me posee por delante. Ya no se si es mi sexo el que te entra, o es tu sexo el que me cubre.
Y de nuevo... de nuevo estoy rodando entre tus sueños, y muriendo un poquito en un instante.
Y luego, no hay paz comparable a la que encuentro en tu mirada. No hay tranquilidad que se compare a la que surge de mis manos acariciando tu descanso.
Y entre tanto cielo, de nuevo nos llama el agua. Y mientras te sumerges intento capturarte en meras fotos. Y a cada una de ellas, de cada una de esas fotos, comprendo más la inutilidad de intentar encerrarte en ningún sitio. Y me llamas. Me llamas desde el agua, desde donde ya habían acudido mis miradas y mis sueños. Y solos en el agua, una vez más, te susurro versos de canciones que sin duda se escribieron para que hacerlas susurro en ese preciso instante. Y mi sexo despierta en tu roce. Y te abrazo. Y te hago el amor. Y me haces el amor sentada en mi. Una vez más. Es domingo en el aire. Y que más da. Nosotros estamos en el agua.